martes, 5 de noviembre de 2013

Bahía Blanca

La ciudad del deporte. Miles de personas de todas las edades corren por sus plazas y sus parques. Vestidos con colores cegadores, algunos sudando a mares, otros riendo y charlando mientras trotan como potrillos. Preocupados por las dietas sanas y fieles a los tostados previos al verano caminan, corren, levantan pesos inhumanos en gimnasios que aturden con sus cadenas interminables de música electrónica, salsa y ritmos latinos varios.
Todos sonríen o llevan puestos gestos concentrados, caras duras y sin arrugas, como jóvenes eternos que no tienen ni quieren amigos. Nadie saluda a los desconocidos y se cruzan de vereda las señoras bien cuando fijan su vista inquisidora sobre la piel algo oscura de cualquier persona, siempre que sea oscura no por adquisición, sino por nacimiento.
La ciudad de las modas. Manos delicadas, manos gruesas y curtidas, manos demasiado jóvenes y demasiado viejas con sus dedos adornados por anillos. No uno, ni dos, sino diez o doce o quince anillos por mano. Tanto peso que parecen asfixiarse los dedos entre el pesado brillo del oro y la plata y toda la gama de imitaciones y baratijas compradas en tiendas de artesanos. Los jóvenes se producen en serie con sus cortes iguales y su caminar rotundo y despectivo. En la ciudad donde se debe caminar como si cada paso fuera definitivo y las miradas buscan derretir la imagen, inspeccionar el alma. Pero no hay almas.
La ciudad del secreto. Y mientras todos se preocupan por estar sobre la cresta de la ola, en lo más alto de todas las pirámides, la periferia se tiñe de barro y chapas oxidadas, de perros sarnosos y pies descalzos y hambre. Las buenas conciencias se visten de colores para ayudar los fines de semana. Llevan sus bombos y sus murgas de clase media culposa y tratan de alegrar un milímetro de las vidas grises del pobre. Siempre hay fotos de alta definición y lentes ray-ban que protegen del sol sin sombra, que pega fuerte sobre las villas.

El aire se tiñe de negro con el vomito toxico de las industrias a escasos kilómetros del centro. La política engaña con sonrisas desde carteles que tapan otros carteles. Las propagandas de celulares echan un manto de glamur sobre la perversión de las miradas campesinas disfrazadas de cosmopolitismo.  Se escuchan los ecos de la estreches mental con solo aguzar el oído, y como siempre ha sido, y como será tal vez hasta el fin de los tiempos o hasta su propia ruina, en estas calles no hay lugar para los débiles.

lunes, 4 de noviembre de 2013

El Vasco

Tengo 53 años y me compre una motoNunca antes me había subido a una  y quería saber que se siente. Cuando tenia 30 años pesaba setenta kilos y ahora peso 124. La moto es de competición y se la compre a un vecino. Modelo 84. Arriba me queda poco pelo y por eso me lo dejo largo a los costados. Es lindo sentir como el viento te hace flamear los pelos, pienso, mientras acelero. Me tendría que teñir para parecer de treinta. Mi mujer y la nena me miran con desconfianza cuando me pongo el casco. Es incomodo y me hace transpirar como chancho. Aveces tengo aliento fuerte y me descompongo respirandolo treinta o cuarenta cuadras. Acelero, para llegar rápido a la oficina. EL otro día doble muy fuerte la esquina y me raspe la rodilla y me queme la pantorrilla con el caño de escape.
Los muchachos se ríen pero no se animan a subirse. El otro día le escupí el café a uno y se lo tomo todo. No dejo ni el fondo, ni se dio cuenta. Aveces me cargan con la nena, pero la nena no es puta, y me quieren hacer enojar diciendo que la van a buscar a casa cuando no estoy, pero es mentira. Seguro es mentira. Son todos una mierda pero no me queda otra que bancarmelos. Mis compañeros.
Lo malo es que no puedo evitar ponerme colorado y temblar cuando me caliento. Y trato de quedarme quieto y callado mientras se ríen. No paran. Están las siete horas riéndose de mi panza y mi nariz y dicen que soy un vago. Que me cogía a una tontita. Como saben si yo nunca anduve en la calle mostrándome. Cuando puedo preparo algo suelto que encuentro por algún piso para pasarlo a buscar a la salida. Me dicen ladrón  Yo no le robe nada a nadie. Cuando puedo paso con una moneda o con las llaves de casa y le rayo el auto al vejiga de mi vecino.
El otro día no me podía dormir. Pensaba  en por que se tienen que reír de mi si yo no les hice nada. Tenia ganas de llorar. Me duelen mucho las puntas de los dedos de los pies y ya estaba molesto con ese dolor y encima se ríen de mi panza. Como si fueran flacos, hijos de puta. Me tienen envidia por la moto. Les gustaría poder tener una moto y haberla pagado nada como yo. Pagando en cuotas y cojiendome a la mujer de mi vecino. Que mas quiero. No es linda ni tiene buen físico pero mi mujer es peor. Me la cojo por las dudas, para que no sospeche. La nena aveces se mete en la computadora y me revisa las cosas. Yo borro todo. Como se va a enterar si no queda nada.
Me hubiera gustado comprarme la moto a los treinta. Me hubiera gustado tener un taller y no este trabajo. Me podría haber quedado solo. La nena podría haber vivido con otros padres que la fueran a buscar a Mar del plata cuando la madre no al quería. Todo fue capricho de mi mujer que no quería quedarse sin hijos. Alguien nos tiene que cuidar de viejos Carlitos. Siempre decía lo mismo y yo para no aguantarla llorando todos los días fui y pague y me traje a la nena. Hasta se parece a mi. La madre era una pobre pendeja de 17 años y me encantaría habérmela cogido, pero no agarro viaje y nunca mas la volví a ver.


Ahora lo único que quiero es comer lo que tengo ganas y no ir nunca al medico y andar en moto. Que lindo es andar en moto a todo lo que da. Esquivar autos y no frenar nunca en los semáforos. Siempre para adelante. Doblar como vengo sin rasparme. Con la practica voy a poder. Que me vean los hijos de puta de la oficina y me tengan envidia. Gordo y todo mientras ellos están sacándome el cuero yo ando en la moto. Ojala que se mueran todos, hijos de puta.

martes, 27 de agosto de 2013

El Bodhi

Algo cansado de enviar mensajes al vacío.  Salvo que todo es vacío y alcanzarlo se parece cada vez mas a un triunfo. En la inercia de los días he nadado sin rumbo y encontré ( casi tropezándome)  al fruto de la semilla que perdí en la tierra, no se cuando, no se como.
Me mira por las noches, enfocando y desenfocando sus mínimas pupilas ,bailando con el brillo cansado de mis ojos , y logro sentirme en el ahora, sensación anhelada que llega como un golpe.
No quise volver a escribir, distanciarme de la vida de nuevo para malgastar el poco tiempo, las pocas ganas, el poco espíritu que les queda a mis palabras.
Y acá estoy de nuevo, naufrago en la isla de los anacronismos , perdido entre un océano de figuraciones. Viendo pasar las bandadas de aviones que llevan a turistas ansiosos , en busca de mejores playas. 
Cuando se escapa una lagrima, la acaricio con un aterciopelado consejo. No te dejes morir sobre la arena, esta playa esta desierta, pero es nuestra.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Zoe

Vida, llegaste
nueve meses después
el abismo
de encontrarte respirando
a mi lado
y llorando en las mañanas

Vida, me encontraste
treinta años después
abandonado a mi destino
de cuidarte y
verte crecer
velando tus noches

vida , enamorado como nunca
y para siempre
de tus futuras sonrisas
de tu voz desconocida
de tus pasos alados
de tu risa.

y yo que nunca creí en ángeles
siendo ahora el de la guarda
el que espera tus ojos castaños
aunque sea madrugada
y tus manos diminutas
que algún día se aferraran a las mías
para decirnos adiós
vida.

viernes, 26 de abril de 2013

Deporte de idiotas

Peones  se desplazan
 obviando el oblicuo reglamento
Lamentos de marfil blanco 
bajo espadas negras
Estatuas de ladrones 
disfrazados de santos
lobos por corderos

la dama de hierro 
llora lagrimas saladas
mientras los altavoces amenazan
a los muertos, 
a los vivos
escondidos en agujeros
contemplando temerosos
los caminos desiertos

Futuro amargo
sangre envuelta 
en banderas sucias
anegadas las pupilas 
de odio
resignados los rostros
 al abismo
temerosos los oidos
del sonido
de la guerra
que se aproxima a paso
sigiloso.  

viernes, 12 de abril de 2013

Vargtimmen, Ingmar Bergman (1967)

Acabo de ver La hora del lobo de Bergman. Sobrecogedora y macabra, hermosa y paralizante. 
Sus claroscuros y la naturalidad impactante con la que se mueven las imágenes asombra. Puede llegar a trepar por nosotros como un ser extraño. El lobo es la cinta en si, rondándonos al asecho durante sus ochenta y tres minutos de duración, como si de cuestión de segundos se tratase. Y es casi una hora exacta. El lobo seduce por que nos muestra , como frente a un espejo, los abismos a los que pueden conducirnos nuestros propios demonios. A riesgo de todo artista o aspirante a serlo. Es una obligación estética transitarla. El mar que rodea constantemente el paisaje desolador de la isla es nuestra soledad y también la derrota al querer establecer puentes que nos conecten los unos con los otros. También es la tranquilidad de conciencia, que mientras es acariciada por un sol siempre crepuscular, obedece como actor inmóvil que observa tímidamente el infierno que la locura desata en sus entrañas. La isla, que es selva y es bosque. Alma no carga su maravilloso nombre en vano. Intuimos casi inconscientes que se trata del corazón del hombre atormentado y al borde de la mas negra locura. Sus lagrimas se personifican y nos miran a los ojos, en primeros planos que humedecen las pupilas y nos obligan a parpadear. 
¿Es aquel terror de los cuentos de embrujados el que nos invade en la hora del lobo? o tal vez
  ¿es el miedo terrible y primal que rechaza nuestra propia imagen ante el espejo , el que nos obliga a esconder nuestros ocultos deseos , el que esconde al hyde que nos habita a todos?
Anhelo profundamente que cada uno encuentre su perturbador reflejo ante la obra oscura del genio.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Los mismos dias


Escucho tangos que odio
Y los ojos del Tucán
Clavados en los míos
Me intimidan
Y tiemblo mientras
Disimulo indiferencia

Dos carbones minúsculos
ardiendo
En el pecho una medallita
De la virgen
Que parece mirarme
Deseándome
Todos los males.

El calor del asfalto
Nos golpea desde
Las ventanas
Mientras jugamos
Al gato y al ratón
Con nuestras esperanzas.

Estaríamos en cualquier
Lado
Si pudiéramos elegir
Pero no nos toco en suerte
Nacer para eso.